Los núcleos de la didáctica de la Lengua y la Literatura

Hemos hablado de la investigación en todos los campos de la investigación, y sobre todo en el de la didáctica. Si hablamos de la didáctica de la Lengua y la Literatura, ¿Qué es lo que cambia?.

En realidad no cambia nada, sino que el proceso es más complejo, puesto que la lengua es a la vez concepto e instrumento. Para reflexionar sobre los núcleos de complejidad de la didáctica en Lengua y Literatura nos serviremos de los siguientes textos:

El primero de ellos es la complejidad del objeto de enseñanza, que difiere de otros objetos de enseñanza de otras disciplinas escolares. En esta complejidad del objeto, se pueden señalar dos vertientes: la primera es que la lengua es, a la vez, objeto de enseñanza y aprendizaje e instrumento mediador del conocimiento de los contenidos de todas las áreas de conocimiento, incluida la misma lengua; la segunda es que los objetivos de aprendizaje lingüístico se refieren, a la vez, al uso de la lengua y a los contenidos gramaticales, textuales, discursivos, etc. que, en los niveles de enseñanza obligatoria, se insiste en que han de estar motivados y que incidan en los mismos usos verbales que se pretenden enseñar. Para los hablantes, para el maestro, y sobre todo para los alumnos, la lengua no es algo externo. Al contrario, los niños y niñas crecen dentro de la lengua en una sociedad que la usa para múltiples funciones y de formas diversas. Por otro lado, en el proceso de participación en esa sociedad, el niño se apropia de la lengua como saber interiorizado.
El aprendizaje escolar seguirá dos caminos: la ampliación y extensión de los entornos de uso con nuevos usos y nuevas lenguas, y el distanciamiento respecto de la lengua que tendrá que pasar por la objetivación. Niños y niñas tendrán que aprender a considerar que la lengua es un objeto que se puede manipular, sobre el cual se puede hablar y sobre el que será necesario tener conocimientos explícitos. La lengua escrita es un paso importante en este proceso. […] Al centrar el foco en la complejidad del objeto de enseñanza desde el punto de vista didáctico, aparecen como trasfondo las necesidades de la enseñanza y, por supuesto, las del aprendizaje, haciendo así evidente que no se puede considerar uno de los polos del sistema sin tener en cuenta los demás*.

Como hemos dicho anteriormente, la lengua es a la vez objeto e instrumento de enseñanza, una característica que permite al docente una perspectiva constructivista de forma más eficiente. Puesto que según el enfoque constructivista, el alumno debe ser el protagonista de su aprendizaje, la lengua como instrumento le ayuda a reflexionar sobre su uso, y ese análisis que hace de la lengua ayuda a concretar aspecto más formales relacionados con la lingüística.

Debido a las características peculiares de la asignatura de Lengua y Literatura, los objetivos y finalidades de la materia deben ser el uso de la lengua como ejercicio de reflexión lingüística y metalingüística. En el aspecto de la lingüística, todo lo relativo a los conocimientos de usos gramaticales, textuales y discursivos; es por eso que cobra sentido construir conocimiento a partir de la comprensión lectora, la producción escrita o la oralidad. Respecto a la metalingüística, todo lo relativo a los usos sociales de la lengua y su importancia en el contexto concreto y en el mundo (aquí es donde entra en juego la literatura y el análisis de los medios de comunicación social). Todas estas reflexiones componen un proceso de enseñanza-aprendizaje completamente significativo, en el que el alumno entiende la finalidad para la que estudia porque le encuentra una utilidad que sabe identificar, y esto es lo que más le motiva.

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Un segundo núcleo de complejidad se refiere a los actores de la relación didáctica, a los participantes: enseñante y aprendiz. En la concepción del aprendizaje como construcción y no como resultado de la “transmisión” y de la apropiación pasiva de un conocimiento ya elaborado, la relación entre quien enseña y quien aprende pasa a un primer plano. Los alumnos llevan a cabo tareas complejas y diversas cuando escriben e interpretan textos en colaboración o aprenden conceptos gramaticales (conocimiento de uso Vs. conocimiento abstracto de la lengua); asimismo, los aprendices poseen representaciones sobre las lenguas y les atribuyen valores lo cual puede incidir en el aprendizaje. El profesorado aporta al aula no sólo el saber teórico de la materia que enseña, sino también sus concepciones de lo que son y para qué sirven las lenguas, de cuáles son los saberes pertinentes para aprenderlas. Expone también sus saberes profesionales sobre cómo se enseñan, su capacidad de revisar la propia práctica, de reflexionar sobre ella a la luz de los cambios que experimenta la sociedad y de lo que propone la investigación en sus diferentes modalidades. Hablar de los agentes de los procesos de enseñanza y aprendizaje ha permitido centrar el foco en la interacción verbal como instrumento para la construcción del conocimiento, en el cual el profesor toma el papel de mediador*.

La relación entre el docente y el alumno se basa en una colaboración mutua. El alumno es quien asume el papel de protagonista, y el profesor es quien media para que el alumno tenga a su disposición todos los elementos necesarios para que pueda reflexionar sobre su propio aprendizaje.

Para que el aprendiz asuma ese papel protagonista, debe ser él quien escriba e interprete los textos en un entorno colaborativo, quien aprende los conceptos a partir de fuentes de información a su alcance y de su búsqueda personal, y quien debe poseer finalmente sus propias representaciones sobre la lengua. Pero esto tan solo se consigue si el alumno percibe el aprendizaje como un proceso que es responsabilidad suya. El profesor tan solo debe ser visto como un mediador que aporta el saber teórico y los medios para reflexionar sobre él. Y para que el profesor sea capaz de ejercer su papel de mediador de la forma más efectiva, éste debe revisar continuamente su propia práctica y adaptarse a los cambios del contexto y variables del grupo en el que trabaja.

Un punto clave para que este enfoque funcione en Lengua y Literatura es utilizar la interacción verbal a un mismo nivel entre alumno y profesor.

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Un tercer núcleo de complejidad es el contexto de actividades. Éste no se puede considerar como un simple contenedor de acciones o como un marco en el
cual se desarrollan dichas acciones. Los contextos son sistemas de actividad y cada uno de ellos integra el sujeto, el objeto y los instrumentos (tanto los materiales como los signos y símbolos) en un todo unificado. La actividad de enseñar y la de aprender se articulan de formas complejas según las motivaciones de los actores implicados, los objetivos que unos y otros se proponen, los sentidos que atribuyen a las tareas que se realizan, insertas todas
ellas en las finalidades que tiene asignada la escuela como institución social.  Por ejemplo, en la enseñanza y aprendizaje de la composición escrita en la escuela, es evidente que, en el marco de secuencias didácticas basadas en proyectos de escritura, se entrecruzan de forma compleja por lo menos dos sistemas de actividad: uno propio de la situación comunicativa que pretende dar sentido al texto que se escribe y otra creada por la misma situación escolar en que el texto se escribe para aprender a escribir y, en concreto, para avanzar en el uso de algún género discursivo social o académicamente relevante […]*.

Por último, un tercer núcleo a tener en cuenta es el mundo de las actividades y las secuencias didácticas, cuyo diseño es uno de los principales temas de investigación. En el diseño de las actividades no vale la arbitrariedad, pues es común la actitud de “hacer actividades para practicar”. Es crucial plantear unas actividades que tengan un objetivo final claro, es decir, que estén diseñadas para conseguir un fin concreto e identificable por los alumnos. Esto significa que las actividades están tienen sentido por ese objetivo final.

Los enfoques constructivistas de la educación han generado una nueva diversidad diseños didácticos para la Lengua y la Literatura, en las que el objetivo final siempre ha sido la comunicación, es decir, la producción tanto escrita como oral. Uno de esos diseños es el trabajo por proyectos, (revisa el Banco de Materiales), basado en la creación de actividades que nos guían hacía un resultado final. Este tipo de secuencia es muy efectiva en la enseñanza de la producción escrita, pues el alumno sabe que su tarea es escribir un determinado texto, y para escribirlo deberá dar diferentes pasos que lo conduzcan a la producción final (ejercicios de cohesión, de reflexión gramatical, de estructuración del texto, de estilo, etc). El punto más enriquecedor de este diseño es el hecho de que los alumnos trabajan por géneros, es decir, tipos de texto que pertenecen a las diferentes situaciones comunicativas a las que se enfrentan en la sociedad, hecho que ayuda a que encuentren un significado en lo que hacen, y por tanto, una motivación.

Si hablamos de la Literatura, existen otro tipo de diseños didácticos bajo el enfoque constructivista. Un ejemplo es la estación de aprendizaje (revisa el Banco de Materiales), mediante el cual el profesor diseña pruebas que permiten poner en escena conceptos más teóricos. Al estar planteado como un juego, el alumno asume el conocimiento de forma inconsciente mientras juega. También resulta interesante hacer referencia al Webquest (revisa el Banco de Materiales), un cuestionario teórico y virtual que implica la utilización de las tecnologías de la información y el conocimiento (TIC).

La didáctica de la Lengua y la Literatura cobra un sentido para el alumno cuando el profesor asume la perspectiva constructivista, pues es en este sistema cuando el alumno entiende el sentido de su aprendizaje y el uso de la lengua.

* En esta entrada se han utilizado fragmentos de referencias bibliográficas:

CAMPS, A. (coord.). Diálogo e investigación en las aulas. Investigaciones en didáctica de la lengua. Graó, Serie Didáctica de la lengua y la literatura. Barcelona: 2006.

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Acerca de charonama

Proyecto de profesora de Lengua Castellana y Literatura. Objetivos: Investigar mi propia docencia e innovar en los métodos didácticos, con la finalidad de que aprender sea efectivo y una pasión siempre.

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